La expansión del desierto del Sahara es inexorable. Hace 10.000 años, este desierto rebosaba vida. Las pinturas murales encontradas de elefantes e hipopótamos parecen indicar que existieron ríos que se secaron y lagos que desaparecieron. El avance de la arena podría provocar que millones de personas tuvieran que desplazarse y luchar por los recursos naturales. No sólo está el África subsahariana en el punto de mira, Asia Central también podría verse afectada. En los últimos años los científicos se han volcado en encontrar una solución al problema de la desertificación. Este verano dos proyectos han salido a la luz para el Sahara. El primero pretende construir un muro de 6.000 kilómetros para contener el avance de la arenas. El segundo, no menos ambicioso, busca transformar el Sahara en un bosque y frenar así el cambio climático. El primer caso, la construcción de un muro de arena solidificada de 6.000 kilómetros de longitud, que abarcaría desde Mauritania —al oeste de África— hasta Yibuti —al este del continente—, es una iniciativa que presentó el arquitecto Magnus Larsson en la Conferencia anual TED Global, que se celebrada en Oxford (Reino Unido), según informa Europa Press.
“La amenaza es la desertificación. Mi respuesta es un muro hecho con arena solidificada”, explicó Larsson, quien especificó que la arena del muro se solidificaría inundándola con bacterias, que le darían la consistencia del cemento en unas horas. “Es un microorganismo que produce químicamente calcita, una especie de cemento natural”.
Concretamente, la idea es detener el desierto “utilizando el desierto”, comentó. A su juicio, se podría inyectar la bacteria en las dunas a gran escala o utilizar globos gigantes que la contengan para dispersarla. Además, el proyecto tendría ventajas para las comunidades vecinas ya que, según el arquitecto, el muro podría excavarse para proporcionar sombra, refugio o una estructura para recoger agua.
Respecto al segundo caso, en las últimas décadas son muchos los ingenieros y científicos que se han planteado crear un bosque en el desierto más grande del mundo. Un Sahara verde con un mar interior y grandes extensiones de tierras de cultivo. Ahora los investigadores dicen que han encontrado la forma de llevar esto a cabo y regenerar la exuberancia en el Sahara para frenar el cambio climático en el proceso. Hasta ahora el proyecto más ambicioso que se habían planteado las naciones del norte de África, según la BBC, era la idea de plantar árboles para crear un gran cinturón verde que prevenga la expansión del desierto.
Riego por goteo
Sin embargo, la idea de crear un bosque a través de todo el desierto es una iniciativa titánica que la revista Science presenta esta semana. El padre es un biólogo celular en la Escuela de Medicina Mount Sinai, Leonard Ornstein, quien se asoció con los modeladores climáticos David Rind e Igor Aleinov del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA. Su idea es desalinizar el agua de mar de los océanos vecinos y transportarla tierra adentro mediante acueductos y bombas. El riego por goteo –ubicado en las raíces de los árboles— minimizaría la cantidad de agua perdida por evaporación y filtración en suelos arenosos.
Según Ornstein, los bosques enfriarían el Sahara hasta 8 grados centígrados en algunas zonas. “Eucalyptus grandis y un gran número de otras especies de árboles tropicales son tolerantes al calor mientras tengan un amplio suministro de agua en la zona de la raíz”, explica. La cubierta forestal también podría traer más lluvia y más nubes, que ayudarían a reflejar los rayos del sol hacia el espacio. Este método también podría funcionar para el desierto interior de Australia, señaló Ornstein, quien cree que si la mayor parte del Sahara y el Outback australiano estuvieran plantadas de árboles de crecimiento rápido, como el eucalipto, los bosques podrían recoger unos 8 millones de toneladas de carbono al año.
No obstante, el proyecto no sería barato, ya que sumando costes de construcción, funcionamiento y mantenimiento de plantas de ósmosis inversa para la desalación y el equipo de riego, ascendería a unos 2 mil millones de dólares por año. Además, Ornstein advierte de que plantar estos bosques podría tener efectos adversos. El aumento de la humedad podría provocar plagas de langostas en África y podría dañar los suelos existentes. Pese a los inconvenientes, la propuesta “es muy importante y vale la pena tomársela en serio”, dice el científico atmosférico Richard Anthes, presidente de la Corporación Universitaria para la Investigación Atmosférica en Boulder, Colorado. “Los beneficios podrían ser enormes y van mucho más allá de la retención de carbono; también crearían vastas zonas habitables y productivas”.





