Rosa Lozano Durán | DivulgaUNED.es - Quizá el 2 de octubre no fuera un gran día para la ciencia, de esos que hacen historia y suponen un punto de inflexión; es más que probable que fuese, sencillamente, tan bueno -o tan malo, según cómo se mire- como cualquier otro. Y, sin embargo, ocupa esta página, porque ese día se celebró un evento que, sin ninguna duda, se ha ganado el derecho, a lo largo de los últimos dieciocho años, a ser comentado.
Me refiero, por supuesto, a la ceremonia de entrega de los premios Ig-Nobel, que tuvo lugar el pasado 2 de octubre en el teatro Sanders de la Universidad de Harvard. Y es que, si bien es cierto que éstos pueden no ser los galardones con que fantasea la mayoría de los científicos, decir que son una parodia de los premios Nobel es quedarse totalmente en la superficie: son mucho más que eso.
Los premios Ig-Nobel (pronúnciese igual que ignoble, innoble en inglés) están organizados por la revista científica-humorística Annals of Improbable Research (Anales de la Investigación Improbable), y son concedidos cada año a principios de octubre, coincidiendo con el anuncio público de los galardonados con los premios Nobel. Aunque en sus comienzos, allá por 1991, su intención era premiar aquellos descubrimientos que “no podían, o no debían, ser reproducidos”, la idea subyacente ha ido evolucionando hasta la actualidad: hoy, los Ig-Noble pretenden honrar aquellos logros científicos que “primero hacen reír, y luego hacen pensar”, en una exaltación de lo inusual que, en último término, contribuye a llevar la ciencia a todos los públicos.
Y no es ninguna tontería. Los Ig-Nobel y toda la parafernalia que los rodea resultan atractivos porque son divertidos, muy divertidos; pero –y esto no se debe perder de vista- los trabajos premiados son trabajos científicos reales, llevados a cabo rigurosamente por científicos reales. A pesar de que, en algunos casos, pueda parecer increíble.
Fueron estos científicos reales –al menos, aquellos con buen humor y cierta disponibilidad de tiempo- los que, el día 4 de octubre, también hicieron posible el acto que tradicionalmente sigue a la entrega de premios de los IgNobel: las “Ig Informal Lecturers” (Conferencias Informales Ig), en que los galardonados tienen la oportunidad de presentar su trabajo al gran público. Porque no todo lo que rodea estos premios es espectáculo. Aunque también lo hay, por supuesto; no sólo de ciencia vive el hombre.
La ceremonia del pasado día 2 fue seguida en vivo por “1200 espectadores espléndidamente excéntricos”, que tuvieron el placer de ser testigos de cómo “genuinos Premios Nobel genuinamente perplejos” entregaban los galardones, una significativa estatuilla que representa una gallina tratando de devorar un enorme huevo. (Sí, es cierto: entre los fans incondicionales de los Ig-Noble –e incluso entre los organizadores- se cuenta más de un auténtico Premio Nobel.) El acto terminó con una frase, dirigida a la audiencia, que ya se ha convertido en un clásico: “Si no han ganado un premio –y especialmente si lo han ganado-, ¡que haya más suerte el próximo año!”
Por si a alguien se le ha despertado la curiosidad, a continuación está la lista de los afortunados de esta decimoctava edición de los premios Ig-Nobel; merece la pena echarle un vistazo: cuando menos, hará reír.
Ig-Nobel de Arqueología: Astolfo Gomes de Mello Araujo y Jose Carlos Marcelino, por su demostración de cómo un armadillo puede arruinar una excavación arqueológica.
Ig-Nobel de Biología: Christine Cadiergues, Christel Joubert, y Michel Franc, por su descubrimiento de que las pulgas que viven en los perros pueden saltar más alto que aquellas que viven en los gatos.
Ig-Nobel de Química: Sheree Umpierre, Joseph Hill, and Deborah Anderson, por demostrar que la Coca-Cola es un efectivo espermicida, y C.Y. Hong, C.C. Shieh, P. Wu, and B.N. Chiang, por demostrar que no lo es.
Ig-Nobel de Ciencias cognitivas: Toshiyuki Nakagaki, Hiroyasu Yamada, Ryo Kobayashi, Atsushi Tero, Akio Ishiguro, and Ágota Tóth, por demostrar que las amebas son capaces de resolver rompecabezas.
Ig-Nobel de Economía: Geoffrey Miller, Joshua Tyber, and Brent Jordan, por descubrir que las bailarinas de striptease reciben más propinas cuando están en el pico de fertilidad de su ciclo menstrual.
Ig-Nobel de Literatura: David Sims, por su estudio: “¡Bastardo!: Una Exploración Narrativa de la Experiencia de la Indignación Dentro de Organizaciones”.
Ig-Nobel de Medicina: Dan Ariely, por demostrar que los placebos caros son más efectivos que los baratos.
Ig-Nobel de Nutrición: Massimiliano Zampini and Charles Spence, por su descubrimiento de que la comida sabe mejor cuando al morderla produce un sonido atractivo.
Ig-Nobel de la Paz: Comité Ético Federal Suizo para la Biotecnología No-humana, por adoptar el principio legal de que las plantas tienen dignidad.
Ig-Nobel de Física: Dorian Raymer and Douglas Smith, por demostrar matemáticamente que una cuerda, un pelo, o cualquier cosa que potencialmente pueda enredarse, lo hará.





